martes, noviembre 14, 2006

The Glorious Days

Las calles son testigos hoy de la distensión de las almas.

En ellas, los ojos de uno buscan la mirada del otro como un descanso excepcional a la vida que pasa monótona. Y las calles se pliegan cada vez que los ojos se encuentran.

El cielo deja de ser la salida escondida en la verticalidad de los picos de piedra y cemento, y un oasis renace en los demás sin que sea un espejismo.

Pero entonces… Los ojos de uno desandan el camino hecho a la mirada del otro. Y las calles se vuelven a hacer eternas. Las calles vuelven a ser testigos de la distensión de las almas.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Es imposible no echar de menos a Salamanca, a su piedra reluciente y a toda la gente que pasa por allí... cuando te ha visto nacer la ciudad... Es imposible contar esto sin desear volver a pasar por su plaza, quedarse un instante parado y pensar en todo lo que encierran esas cuatro paredes... Ay... qué melancolía... Con esto y poco más estreno tu blog Jose... espero que todo vaya como cuentas y espero verte pronto... Muchos besos desde Holanda...
BEA

Anónimo dijo...

Pues si, pues si... comparto lo que dices... y tb lo que dice Bea. Salamanca, esa ciudad de piedra amarilla, como tú la defines, es imposible de olvidar. A Bea la vió nacer, a nosotros crecer como personas. Echo mucho de menos todo aquello y tengo unas ganas locas de volver, aunque se que será distinto porque ya no habrá casi nadie de esas personas que me ayudaban a seguir viviendo... Mi segunda familia...

En fin... sigo currando. Espero que todo todo te vaya bien. Yo me pasaré por aquí habitualmente y así estamos en contacto. Por cierto, me encanta como escribes!!! Jajajjaa...

MILES DE BESOS!

Natalia

Anónimo dijo...

Qué maravilla de texto! Refleja exactamente lo que yo siento. Cinco años en Salamanca son mucho tiempo para olvidar, es una ciudad mágica, que te atrapa desde el primer momento.
A mi me pasó. Fui de visita con 12 años y dije "yo quiero estudiar aquí". Y así fue, con 17 añitos ya andaba por sus frías calles con apuntes para un lado y para otro. Esos años allí fueron maravillosos y la gente que conocí también. No lo olvidaré nunca.
José, espero que todo te vaya bien y que tengas mucha suerte en la vida, te lo mereces.
Besines
Luján